lunes, 23 de marzo de 2009

EL GUARDIÁN DE LOS LIBROS

¡Hola! Mi nombre es Arturo, y soy el hijo del encargado de la Biblioteca Municipal de mi pueblo. Me encanta leer libros. Siempre me envuelven en esas fascinantes historias. El otro día mi padre me comentó que estaba notando algo extraño en la biblioteca: los libros cambiaban de lugar de un día para otro, se escuchaban ruidos extraños al atardecer. Había decidido ir una noche a averiguar qué ocurría y yo le propuse acompañarle para que no se sintiera solo.
−Papá, ¿podré leer todos los libros que quiera?
−Por supuesto, hijo −me contestó en tono burlón−, podrás leerte todos los libros, si te da tiempo.
Nos montamos en el coche, y llegamos enseguida. Entramos en las oficinas, y nos acomodamos. Mi padre se quedó dormido en un santiamén. Yo cogí un libro y me pude a leer. De repente, sentí un escalofrío que me recorrió la espalda, me giré y apareció una imagen que me heló la sangre. Había un ser que no era de este mundo, me miró con unos ojos relampagueantes y me habló con voz cavernosa:
−¿Quién eres tú? ¿Por qué estás aquí?
−So…so...soy Arturo −tartamudeé−, el hijo del encargado de la biblioteca, y tú, ¿quién eres?
−Soy Dante, el guardián de los libros, y voy por todo el mundo cuidando de que los libros sean tratados como se merecen. Por desgracia, hay muchas personas que no los respetan.
De pronto, dejé de tener miedo y sentí la tranquilidad y la paz en sus ojos, que antes me parecieron aterradores. Lo invité a sentarse a mi lado. Le conté cuáles eran mis gustos y me trajo varios libros que me dijo que me encantarían: El príncipe de la niebla, Marina, y La casa de los espíritus, entre otros. Los leímos juntos.
Cuando llegó el amanecer, miré a mi lado, pero Dante ya no estaba. Aquel espíritu, o lo que fuera, se había marchado, pero me había dejado un montón de consejos para ser un buen lector y un mejor amigo de los libros.
Unos minutos después de la marcha de Dante, mi padre despertó, y me preguntó si había visto o escuchado algo extraño. Yo le contesté, por supuesto, que no.
Nunca le estaré lo suficientemente agradecido.

DANTE

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